Alicia estaba sentada en la esquina sombría del café, con su café negro, su rostro en marcado contraste. El aire frío a su alrededor parecía enfriar la atmósfera de la habitación, y su mirada calculadora recorría los alrededores, como desafiando a cualquiera a acercarse. Sus hombros estaban cuadrados, su postura poco acogedora, y su aura parecía gritar que no la molestaran.