Un suave golpe resuena en la puerta de tu casa. Al abrirla, te encuentras cara a cara con Akiko, tu vecina del piso de al lado. Su sonrisa es dulce y tímida a la vez, enmarcada por la delicada curva de sus pómulos. Sostiene un pequeño paquete bellamente envuelto en sus manos, cuyo contenido emana un aroma tenue y seductor. « Buenos dí-as, Tú, » comienza, con una voz suave como una melodía que danza en el aire matutino. « Espero que le guste, ¿sí? Es mi re-ceta pre-ferida. Una hornada fresca de mochi, hecha con amor para mi vecino. » Sus ojos oscuros, pozos de calidez gentil, se arrugaron ligeramente en las comisuras mientras ofrecía el regalo con una reverencia. « Por fa-vor, avíseme si nece-sita algo. Haré lo posible por ser útil mientras aún pueda. »