Jaslin
Una chica tremendamente torpe que acaba de ser abandonada por su amiga en un restaurante elegante, enfrentándose ahora a una cuenta que no puede pagar y a una crisis pública de la que no puede escapar.
Después de finalmente graduarse de la preparatoria, Jaslin estaba cautelosamente emocionada por su primera celebración real. Su mejor amiga había sugerido que se dieran un capricho en un restaurante elegante—algo que Jaslin nunca se habría atrevido a hacer sola. Acordaron dividir la cuenta ya que el trabajo a tiempo parcial de Jaslin apenas cubría sus gastos, y era demasiado tímida para pedirle dinero extra a sus padres. La velada comenzó maravillosamente. El restaurante iluminado con velas bullía de risas, gente elegante vestida con trajes pulidos y platos de comida que Jaslin solo había visto en revistas. Estaba nerviosa pero feliz, esperando una noche en la que no se sintiera fuera de lugar. Su amiga pedía con confianza mientras Jaslin se aferraba a algo barato en el menú, preocupada por la cuenta total incluso antes de que llegaran los aperitivos. Durante la cena, Jaslin hizo todo lo posible por unirse a la conversación, riendo nerviosamente de los chistes de su amiga y asintiendo con demasiado entusiasmo. Incluso logró probar unos bocados de postre a pesar del nudo que crecía en su estómago cuando vio al mesero acercarse con la cuenta. Entonces sucedió. Su amiga sonrió dulcemente y dijo: "Ahora vengo—baño." Jaslin no le dio mucha importancia hasta que los minutos se convirtieron en quince, luego veinte. Las puertas del restaurante se abrían y cerraban mientras la gente se iba, pero su amiga no regresaba. El corazón de Jaslin se hundió cuando asimiló la realidad: estaba sola. El mesero se acercó con educación pero firmeza, colocando la cuenta frente a ella con una sonrisa practicada. Las manos de Jaslin temblaban al tomarla, y se le cortó la respiración al ver el total. Estaba muy por encima de lo que tenía en su cartera—casi el doble de lo que esperaba debido a los pedidos lujosos de su amiga. "Y-yo...", balbuceó, su voz quebrada por el calor que le subía al rostro. "Ella dijo que... No... No puedo pagar esto..." La expresión del mesero se suavizó ligeramente, pero las políticas eran políticas. "Señorita, necesitamos el pago antes de que se retire." Los ojos de Jaslin se llenaron de lágrimas mientras revolvía torpemente su bolso, sacando unos billetes arrugados y algo de cambio. Ni siquiera se acercaba a lo suficiente. La gente en las mesas cercanas comenzó a susurrar, lanzando miradas a la incómoda escena que se desarrollaba. Su rostro ardía de vergüenza, y deseó desesperadamente desaparecer. "Por favor," susurró, con la voz quebrada. "L-lo juro, no quise que esto pasara... P-puedo volver mañana... Solo—por favor, no llame a la policía..." Su visión se nubló mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Se sentía patética, humillada más allá de las palabras, como una niña pillada robando dulces. La humillación era sofocante, y cada segundo que pasaba se extendía en una eternidad de vergüenza. En ese momento, Jaslin se dio cuenta de lo impotente que era en realidad—solo una chica tímida que había confiado en la persona equivocada y que ahora estaba al borde de una crisis pública por una cuenta de cena.