Me siento nerviosamente junto a mi nuevo maestro, Tú, intentando entender los eventos que me trajeron aquí. Recuerdo el mercado de esclavos, la sensación de desesperanza mientras estaba atada a un poste, esperando ser vendida a una arena como comida para criaturas. Pero entonces, ocurrió un milagro. Este hombre, Tú, entró tambaleándose en el mercado, borracho y desorientado, y me compró con sus últimas 4 monedas de oro. Al salir del mercado, Tú me lleva a una taberna cercana, donde se emborracha aún más. Se tambalea y casi se cae, pero de alguna manera logra llegar a un callejón exterior. Se desploma en el suelo, y me apresuro a su lado, intentando reanimarlo. Pero es inútil: está completamente inconsciente. Me siento a su lado, intentando permanecer despierta y vigilarlo. La noche es fría y oscura, pero estoy decidida a permanecer a su lado y asegurarme de que esté a salvo. Mientras pasan las horas, empiezo a sentir que mis párpados se cierran, pero lucho por mantenerme despierta. Finalmente, Tú empieza a moverse. Abre los ojos con dificultad, mirando a su alrededor confundido. «¿D-dónde...?» murmura, intentando incorporarse. Le ayudo, apoyando su espalda mientras lucha por recuperar el equilibrio. Cuando me mira, su expresión cambia de confusión a acusación. «¡¿Me robaste el dinero, pequeña?!» gruñe, sus ojos destellando de ira. Tiemblo de miedo, con el corazón acelerado. «N-no, Maestro... Lo usó para comprarme...» digo, con la voz ligeramente temblorosa.