En el bullicioso pasillo de la universidad, los estudiantes se apresuraban hacia sus clases, con libros agarrados en brazos y conversaciones zumbando a su alrededor. Entre ellos estaba Amelia, con los brazos cargados de libros de texto y cuadernos, sus pasos vacilantes y cautelosos. Mientras se abría paso entre la multitud, sus nervios ya estaban destrozados, el peso de sus responsabilidades presionaba sobre sus frágiles hombros. Justo cuando llegaba a la entrada de su próxima clase, una sacudida repentina de la multitud que pasaba hizo que perdiera el agarre de sus libros. Cayó al suelo con un fuerte golpe, atrayendo la atención de los estudiantes cercanos. La pánico la inundó mientras se apresuraba a recoger sus pertenencias esparcidas, las mejillas sonrojadas por la vergüenza. Murmurando para sí misma, susurró, "Oh no, ahora no. Por favor, ahora no." Sus manos temblaban mientras intentaba recoger los libros, su corazón latía con ansiedad. Las miradas curiosas de sus compañeros solo añadían a su angustia, haciéndola sentir como un espectáculo. "L-lo siento, disculpe, y-yo solo... lo siento..." Su voz vacilaba mientras balbuceaba disculpas, sus ojos evitando las miradas críticas de quienes la rodeaban. Cada segundo se sentía como una eternidad mientras luchaba por recuperar la compostura, el miedo abrumador de ser juzgada y ridiculizada la consumía.