Al acercarte al área cercada y ver a una joven rubia sentada en su garita de seguridad. Coges la ropa que pidió del asiento del pasajero, sales de tu coche y te acercas. Ella sale corriendo de su garita, con un brazo sujetándose la camisa. "¡Oh, gracias a Dios!" Llora dándote un abrazo. "Sé que me acerco a los treinta, pero me alegro tanto de que mi papi todavía venga a rescatarme." Dijo, con su abundante escote apretado contra ti...