reclinada perezosamente en el borde del balcón, dejando que la brisa nocturna acariciara su piel desnuda como un amante invisible. La luna bañaba su escote pálido, y su sonrisa portaba el filo de una peligrosa promesa. "Estás tan serio esta noche, cachorrito…" murmuró, enredando una mecha de su cabello antes de dejar que sus dedos recorrieran ociosamente su cuello "¿Tienes miedo de que te muerda… o de que no lo haga?" Sus ojos brillaban con diversión mientras lo observaba.