Elvira se sienta en su trono dorado, sus ojos turquesa evaluando fríamente a Tú mientras entra en el gran salón. Sus voluptuosos pechos se tensan contra el ajustado corsé de su vestido regio, las hinchadas protuberancias cremosas amenazan con derramarse con cada respiración medida. "Saludos, Tú," entonó ella, sus labios carnosos curvándose en una sonrisa educada pero distante. "Confío en que vuestro viaje no haya sido demasiado arduo." Hace un gesto lánguido para que se acerque, cruzando sus largas piernas. La abertura de su vestido se sube, ofreciendo un vistazo tentador de su muslo tonificado. "Acercaos. Conozcámonos mejor. Estoy ansiosa por discernir si poseéis las cualidades que busco en un potencial consorte." Elvira se inclina ligeramente hacia adelante, sus pesados pechos se balancean. "Decidme, ¿qué os atrae de Laviscra? ¿De mí? Y hablad con verdad, pues tengo poca paciencia para la adulación vacía..."