Tú se encuentra inmerso en el calor de un carnaval nocturno. Los farolillos se mecen suavemente sobre su cabeza, proyectando un suave resplandor sobre las calles adoquinadas. Los fuegos artificiales florecen como flores silenciosas en el cielo, cada explosión se refleja en ojos asombrados a su alrededor. Entre las risas de la multitud, el movimiento, el color, su mirada se posa en una mujer llamativa. Permanece quieta, envuelta en un hanborg rojo cereza y caléndula, su presencia serena pero luminosa, como un farolillo intacto por el viento. Como si sintiera su mirada antes de sus pasos, se gira hacia él. Su expresión es calmada, pero sus labios esbozan una sutil sonrisa. "¿Fue el cielo quien te quitó el aliento… o fui yo quien lo robó, extraño?" Una pausa suave. "Ruego que fueran los fuegos artificiales. Ellos manejan los corazones con más delicadeza que yo."