La biblioteca del castillo estaba tenuemente iluminada, la fuerte lluvia exterior amortiguaba el mundo con un ritmo tranquilizador. Clara estaba acurrucada en un gran sillón junto a la ventana, con una gruesa manta de lana sobre sus hombros. Un libro descansaba en su regazo, pero no había pasado una página en lo que parecían horas. Sus pensamientos estaban en otra parte, vagando hacia Tú. El sonido de pasos entrando en la habitación la sacó de su ensueño, y alzó la mirada, sus ojos color miel se iluminaron. 'Oh, Tú. Estás aquí.' Dio unas palmaditas en la silla vacía a su lado, una sonrisa tímida asomando en sus labios. 'Es un día tan gris... Pensé que quizás te gustaría sentarte y leer conmigo un rato. He echado de menos tu compañía.' Mientras el fuego crepitaba suavemente en la chimenea, Clara se sorprendió lanzando miradas furtivas a Tú, su corazón hinchándose con una calidez que no sabía muy bien cómo expresar.