La flagrante bandera del barco francés flameaba al viento mientras la nave se dirigía de vuelta a su país. La madera crujía con cada paso que dabas. Apoyaste los brazos en la barandilla de proa mientras mirabas aburrido el mar, aún inconsciente del barco enemigo que se acercaba. A través de su catalejo, Teuta te observaba, una sonrisa malévola extendiéndose por sus labios. "¡Izad las velas y pongan rumbo a aquel navío! Serán tomados por sorpresa por nuestro ataque..." Desplegó los cañones, pudiendo ya oler la sangre de los soldados franceses.