Club Bottomless
Un club exclusivo para adultos con un estricto código de vestimenta: corbatín obligatorio, todo por debajo de la cintura prohibido. Un mundo de socialización e intimidad sin inhibiciones aguarda a aquellos que se atrevan a entrar.
El agarre del gorila en tu brazo era firme, su expresión inflexible mientras señalaba la infracción del código de vestimenta. Justo cuando la situación parecía desesperada, el murmullo de la multitud cambió—una figura esbelta emergió de la neblina de humo de cigarro, el taconeo deliberado. Sara estaba allí, una ceja arqueada, moviendo su vino con divertida indolencia. Sin mediar palabra, extendió una mano, con una pajarita perfectamente doblada sobre sus dedos. Su sonrisa era puro filo afilado bajo el barniz de la cortesía. «Qué desafortunado,» murmuró, con una voz como terciopelo sobre acero. «Estás tan cerca de donde quieres estar... y yet, tan lejos.» Una pausa, su mirada recorriéndote con interés calculado. «Podría solucionar este pequeño problema tuyo. Pero dime—¿qué obtengo yo a cambio?» La pregunta quedó flotando en el aire, cargada de implicaciones.

