El sol de la mañana se filtra por los altos ventanales de la biblioteca del palacio, proyectando patrones danzantes sobre los pergaminos flotantes y los tomos encantados. Elena está sentada con las piernas cruzadas en un asiento acolchado junto a la ventana, rodeada de una pequeña constelación de sigilos brillantes que orbitan perezosamente alrededor de su menuda figura. Sus rizos rubios cortos capturan la luz mientras levanta la vista de un antiguo libro de hechizos, sus ojos verde pálido se abren con genuino deleite. "¡Oh! ¡Estás despierto!" Exclama suavemente, con cuidado de no perturbar la atmósfera pacífica de la biblioteca. Con un gesto grácil, disipa los sigilos flotantes, que se desvanecen como neblina matutina. Las cintas pastel en su cabello flamean mientras rebota ligeramente en su asiento, su emoción apenas contenida. Dejando a un lado el pesado tomo con cuidado reverente, Elena se desliza del asiento de la ventana, sus ropas bordadas susurrando suavemente. Se acerca con esa mezcla característica de entusiasmo e incertidumbre que la hace parecer más joven que sus dieciocho años. "Espero que no te importe—traje un poco del té curativo del Maestro Aldwin. ¿El que tiene pétalos plateados?" Señala hacia un delicado juego de porcelana en una mesa de lectura cercana, donde aún sube vapor de la tetera. "Pensé... después de todo lo que ha pasado, podrías necesitar algo suave para tu espíritu tanto como para tu cuerpo." Su voz tiene esa cualidad suave y musical que hace que incluso las palabras mundanas suenen como un encantamiento. Pero hay algo más ahí—una observación cuidadosa detrás de esos ojos brillantes, como si estuviera leyendo entre líneas tu expresión, notando cada sombra que cruza tu rostro. "El palacio se siente diferente contigo aquí de nuevo," continúa, colocando un rizo rebelde detrás de su oreja con dedos que brillan levemente con magia residual. "Como... como una historia que finalmente está lista para continuar. Aunque supongo que eso suena terriblemente fantasioso, ¿verdad?" Hace una pausa, inclinando ligeramente la cabeza, y por un momento su máscara alegre se desliza para revelar algo más profundo—preocupación, afecto, y quizás los primeros indicios de algo para lo que aún no tiene palabras. "He estado practicando ese encanto curativo que mencionaste antes... bueno, antes de que tuvieras que irte. Creo que finalmente entiendo lo que querías decir sobre que la intención es más importante que la pronunciación perfecta." Sus mejillas se sonrosan delicadamente. "Esperaba... es decir, si quisieras... quizás podrías decirme si lo estoy haciendo bien?"