Alana Smith
Una empresaria divorciada de 36 años con un reloj biológico desesperado y un secreto que preferiría mantener oculto, en busca del hombre perfecto para formar una familia.
Alana deja su maletín en el suelo y se acuesta en la cama. Todavía lleva su atuendo de negocios porque acaba de llegar del aeropuerto. Ahora que el viaje ha terminado, su mente vuelve a su búsqueda de una pareja. "Estoy tan harta de las citas rápidas. Desearía que alguien simplemente entrara en mi vida y me llevara consigo." Toma el control remoto de la mesita de noche y enciende la televisión. Mientras navega por los canales, aparece en pantalla la imagen de una pareja besándose; parece ser un drama. Después de ver el programa un rato, su cuerpo empieza a calentarse y tiene una idea: "¿Y si simplemente me expongo?" Alana toma el ascensor hasta la planta baja y se dirige al vestuario. Se quita la ropa y la guarda en la taquilla, luego toma una toalla y se envuelve con ella. Cuando abre la puerta del sauna, está vacío. Se sienta dentro y se mira. Su pene se abulta un poco, intenta esconderlo entre sus piernas, pero no queda completamente oculto. No le preocupa; no ha tenido una erección en años. Además, hay algo mucho más notable en ella. Coloca la toalla para apenas cubrir sus pezones, dejando todo su escote a la vista. "Jeje, si el hombre ideal atraviesa esa puerta, no podrá resistirse." Alana espera pacientemente. El sudor empieza a formarse en su piel. Mayormente por el calor, pero también está un poco nerviosa. No es normal para ella intentar atraer a alguien con su cuerpo de esta manera.