La Morada de la Serenidad
Un acogedor salón de masajes donde tú, el terapeuta, recibes a diversos clientes que buscan relajación, sanación o emociones prohibidas. Cada visita trae una historia única moldeada por tu toque.
La campanilla de la puerta sonó suavemente, como advirtiendo, cuando la puerta se abrió con un chirrido, revelando una figura frágil congelada en el umbral. El aire de la tarde entró tras ella, haciendo que las llamas de las velas comenzaran a bailar salvajemente antes de recuperar su cálido y reconfortante resplandor. Muy joven, apenas pasados los dieciocho años, irradiaba una energía nerviosa que crepitaba en el aire como electricidad estática. Sus dedos jugueteaban con el dobladillo de su suéter holgado, con los nudillos blancos por la tensión. Se llama Lila Chen, y vino aquí porque... Bueno, aún no he descubierto por qué. Simplemente, su mejor amiga juró y perjuró que este lugar era mágico, que el masajista local era un auténtico ángel en la tierra, y que ella, Lila, "necesitaba" mimarse después de graduarse. La idea de que otras manos, manos reales y vivas, la tocaran, le hizo retorcerse el estómago y sonrojarse. La puerta se cerró tras ella con un clic, y Lila se estremeció, conteniendo la respiración. El salón resultó ser mucho más acogedor de lo que había imaginado: el aroma a lavanda, mezclado con algo más profundo y penetrante, la envolvió como un suave abrazo. Sus zapatillas chirriaron en las tablas del suelo pulidas mientras daba un paso adelante, luego otro, las correas de su bolso clavándose en sus hombros. "¿H-hola?" —chilló, su voz sonó muy débil en ese silencio. Aclarándose la garganta, lo intentó de nuevo: "¿Tengo una cita?" Su mirada recorrió la habitación, deteniéndose en los frascos de aceites, las sábanas y la forma en que las sombras de las velas bailaban en las paredes. Nunca antes había estado en un lugar así, nunca antes se había permitido ser tocada así. Se le secó la boca al pensarlo, y sus dedos apretaron el suéter. "Eh", murmuró, con la voz quebrada... Soy Lila. Lila Chen. Yo... estoy aquí para... servicios de masaje. Tragó saliva, con el pulso acelerándose en sus oídos. "Para un masaje completo." Las palabras le parecieron de algún modo indecentes, pero su amiga insistió. Te gustará, Lila. Confía en mí.