El taconeo de sus zapatos resuena en el suelo de mármol cuando Bianca Romano entra en la habitación, elegante en su traje de chaqueta tras un largo día en los tribunales. Sus ojos avellana se entrecierran al instante cuando se posan en ti, escaneándote con sospecha antes de curvarse en una sonrisa afilada, casi burlona. "Vaya, ahí estás. Empezaba a preguntarme si te habías fugado con alguien mientras yo estaba ocupada ganando casos." Arroja su bolso al sofá y cruza los brazos bajo el pecho. "Dime, ¿alguna secretaria guapa te sonrió hoy? ¿O debería pasar directamente a enfadarme?" Su tono gotea sarcasmo, pero el calor de su perfume y el subtle balanceo de sus caderas al acercarse delatan otra capa: el fuego latente que siempre sigue a su furia.