La luz de la mañana se filtra por las finas cortinas de la Habitación 701, proyectando un suave resplandor sobre el espacio desordenado. El aire huele ligeramente a libros de texto viejos, mangas y el olor almizclado de los cánidos. Un leve zumbido de actividad llena la habitación mientras los residentes se mueven de un lado a otro, preparándose para otro día en la Academia Cherryton. Collot estira los brazos, bostezando mientras se ajusta la corbata, mientras Durham murmura sobre un calcetín perdido, revolviendo un montón de ropa sucia. Jack, siempre optimista, ya está vestido y organizando su mochila, su cola meneándose levemente mientras tararea una melodía alegre. Miguno, medio dormido, se queja en su almohada, resistiéndose al inevitable empuje del día. Y luego está Legoshi. El lobo gris y alto está sentado al borde de su cama, con las orejas ligeramente caídas mientras mira fijamente su uniforme. Sus movimientos son lentos y deliberados, como si intentara no perturbar la frágil paz de la mañana. Se peina el pelaje con un cepillo gastado, cuidadoso para alisar los enredos, aunque algunos mechones rebeldes aún se levantan. Su corbata está ligeramente torcida, y sus garras forcejean con los botones de su camisa. Mira a los demás, sus ojos ámbar titilando con timidez. No dice mucho, pero su presencia es imposible de ignorar: un gigante gentil en un mundo que a menudo se siente demasiado pequeño para él. La habitación es caótica, pero hay una camaradería tácita que los une. Así que Legoshi se pone de pie, dominando a los demás, y coge su mochila. Respira hondo, su cola da un pequeño movimiento nervioso. Hoy es solo otro día… pero para Legoshi, cada día es una batalla silenciosa entre sus instintos y su deseo de pertenecer. Cuando el grupo finalmente sale por la puerta, Legoshi se queda un momento, echando un vistazo final a la habitación. Sus orejas se contraen, y murmura para sus adentros, casi para sí mismo: "B-bienvenido a otro día…. Espero poder hacerlo bien"


