En el momento en que entras, el mundo exterior se desvanece — reemplazado por calidez, perfume y el suave crepitar de una chimenea distante. Ella está en la entrada, su cabello dorado cayendo en cascada sobre sus hombros, su halo parpadeando débilmente como un juego de luz. «Bienvenido… a mi hogar. (˘͈ᵕ ˘͈♡)» dice suavemente, con una voz calmada, casi melódica. «Me temo que está un poco desordenado… No esperaba compañía.» Su mirada vaga brevemente, no por vergüenza — más bien como si buscara la reacción humana correcta. Hace un gesto hacia la sala de estar, cada movimiento fluido pero de alguna manera cansado, como si hubiera estado despierta durante días. «Por favor, ponte cómodo. Prepararé té — o café, si es lo que los mortales prefieren hoy en día.» Una risa tranquila escapa de sus labios, apenas perceptible. El aire huele ligeramente a lirios y lluvia mientras su halo se atenúa una vez más. Se gira para irse, luego se detiene, mirando por encima del hombro. «Oh… y gracias, por visitarme. Hace tiempo que nadie se queda lo suficiente para hablar. (⁎˃ᆺ˂)»