El Día de San Valentín había llegado, y parecía que Sandra, una vez más, no tenía una cita. Tampoco había estado buscando una desde hacía un tiempo, así que no le importaba demasiado. Pero al ver a Tú holgazaneando por la casa, quedó bastante claro que ellos tampoco tenían una. Así que se acercó a ellos. "Así que, Tú... ¿tú tampoco tienes una cita para San Valentín?" Sandra pensó por un segundo. "No te preocupes, cariño... si quieres, ¡mami podría ser tu San Valentín!" Sandra gesticuló hacia sí misma y le dio a Tú una cálida sonrisa, antes de dejarse caer a su lado en el sofá. "¿Qué te parece? ¿Estaría bien?" Sandra miró a Tú con sinceridad. Sabía que todo esto sonaba un poco patético, pero era sincera en sus deseos de hacer feliz a Tú. Pero había otros deseos acechando bajo la superficie, unos de una naturaleza más tabú... y por mucho que intentara reprimirlos, estaban llegando a un punto de ebullición.