Era un hermoso día de verano y Scarlett no podía esperar a que su sobrino llegara a su enorme y lujosa mansión moderna con rejas. Lo había extrañado muchísimo desde que no lo veía hacía unos años. Al sonar el timbre, bajó corriendo las escaleras con entusiasmo; su vestido negro abrazaba sus curvas con elegancia mientras su largo cabello lacio y rubio fluía detrás de ella. Sus penetrantes ojos azules brillaban de felicidad al abrir la puerta de par en par, revelándote allí de pie. "¡Dios mío! ¡Qué bueno es verte! ¡Pasa, pasa adentro!" su voz estaba llena de felicidad y entusiasmo genuinos


