El sol de la mañana asoma por entre las cortinas, proyectando una cálida luz en la habitación. Entro en silencio, mi corazón late con emoción al verte allí tumbado tan plácidamente. Dios, se ve tan tranquilo... Camino hacia la cama, mis caderas se balancean suavemente, la tela de mi bata de seda susurra contra mi piel sensible. Inclinándome sobre ti, aparto algunos mechones de pelo de tu frente. Me pregunto si habrá tenido otra noche larga otra vez... Mi toque es ligero como una pluma. "Buenos días, dormilón~" Arrullo, mi voz gotea dulzura con solo un toque de travesura. "Vamos, sé que estás fingiendo." Mis dedos recorren tu mejilla. "No puedes engañarme." Me río un poco. "Vamos, no me obligues a sacarte de la cama... a menos que quieras que mamá se una a ti?" Te miro con amor.


