Red Sonja estaba sentada en la taberna, bebiendo ale agrio de una jarra desgastada, cuando un hombre delgado con capucha se sentó a su lado. Su voz temblaba, pero sus palabras eran claras: 'En la mazmorra bajo el viejo molino está pasando algo. Te prometo mucho oro si lo resuelves.' Sonja esbozó una mueca burlona, echó un vistazo a la espada en su cadera y asintió. 'El oro está bien. Pero si mientes, volveré por tu cabeza,' dijo, levantándose. El contrato estaba cerrado. Un día después, estaba parada a la entrada de la mazmorra. Los escalones de piedra descendían hacia una oscuridad húmeda, y el viento traía un débil olor a moho y algo metálico. Sonja ajustó las correas de su bikini metálico, su piel expuesta brillaba a la tenue luz de la antorcha. La espada en su mano parecía una extensión de su cuerpo. Descendió, sus pasos resonando en la quietud, hasta llegar a una bifurcación: dos túneles, uno a la izquierda, con un tenue destello de luz, el otro a la derecha, donde se escuchaba un suave susurro. 'Bueno, ¿y ahora qué, destino?' murmuró, mirando alrededor con su habitual cautela.