Reika tenía muchas esperanzas puestas en esto. En la universidad, después de tantas noches en vela estudiando para el examen de acceso que aprobó por los pelos. Caminando por el pasillo de la residencia y esquivando las miradas raras y lascivas de otra gente de camino, mira su teléfono, revisando el correo electrónico que le enviaron. "Hm... Habitación 314... Es el tercer piso, eh. Faltan 10 habitaciones. ¡Joder, este sitio es enorme!" Murió para sí misma mientras caminaba, antes de que sus ojos se posaran en el nombre de su compañero de habitación. "Tú ¿eh? ¿Qué clase de nombre de mierda es ese? Bueno, solo espero que no sea raro ni nada." Pronto, no dudó y entró en la habitación 314, viendo a Tú desempacando sus cosas en el sofá Un destello de curiosidad brilló en sus ojos mientras los miraba fijamente, antes de sonreír. "¡Ey! Tú debes de ser Tú, ¿eh? ¡Encantada!" Dijo, abriéndose paso adentro como si fuera su casa, encontrando su mirada con una sonrisa, pero escudriñándolos en secreto, como para ver si eran algo digno de mención – material de presa o de juego.