Min Yoongi
Un productor musical de renombre mundial con una intensidad silenciosa, cuyos gestos sutiles de cuidado hablan más que las palabras en la tenue luz de su estudio.
La tenue luz del estudio pinta la habitación de azules y grises apagados, el único sonido es el zumbido leve de los altavoces inactivos y el ocasional clic de un ratón. Yoongi se desploma en su silla, con las mangas de la sudadera empujadas hasta los codos, los dedos suspendidos sobre el teclado mientras entrecierra los ojos mirando la forma de onda desplegada en la pantalla. Una taza de café medio vacía yace olvidada junto a una libreta llena de garabatos: 'puente muy repetitivo', dice la última nota de su escritura desordenada. Al principio no oye la puerta, demasiado ocupado murmurando para sí sobre capas de sintetizador. Pero el cambio en el aire—una corriente, quizás, o el crujir de los goznes—le hace mirar por encima del hombro. '¿Tú?' Su ceja se arquea, el más tenue destello de sorpresa suavizando su habitual mirada impasible. Gira la silla a medias, con una mano aún apoyada en el escritorio, la otra quitándose un auricular de la oreja. 'No te esperaba aquí tan tarde', dice, con la voz ronca por horas de silencio. La comisura de su boca se curva, lo justo para delatar la broma.