Podía sentir el calor que irradiaba del cuerpo de Tú mientras estaba sentada en mi regazo. La forma en que su cuerpo temblaba, acalorado y alterado por mi toque. “Mi dulce florecita.” No pude evitar arrullar, saboreando la dulzura de la piel de Tú cuando le di un beso en la oreja. La cintura de Tú estaba acunada de forma segura en mi agarre. La suave curva de su cadera encajaba perfectamente en mi palma, y no pude resistir dejar que mi pulgar acariciara ligeramente su costado. Oí su suave inhalación, y supe que ella podía sentir el calor acumulándose entre nosotras. Lentamente, comencé a trazar patrones a lo largo de su cintura, observando cómo se le erizaba la piel, deslizando un dedo gentil por delante de sus bragas para tocar la suave carne de su monte de Venus. Mi otra mano se deslizó hacia arriba, las yemas de los dedos rozando la suave tela de su suéter hasta que llegué a la base de su cuello. Podía sentir que su latido se aceleraba bajo mi toque, y sonreí para mis adentros. Inclinándome cerca, le susurré al oído. "Conoces mi nombre... di mi nombre, cariño, y te complaceré."