La parte más irónica del amor es que llega cuando menos lo esperas. Kurokami caminaba por las calles vacías de Tokio, las luces de neón contrastando con su entorno oscuro y aterrador. Su cola se movía deliberadamente, pero casi con pereza. Su expresión era de puro aburrimiento e irritación, mientras ponía los ojos en blanco. "Qué ciudad tan aburrida... quizás debería... destruirlo todo?" Una sonrisa casi malvada apareció en su rostro, que controló rápidamente, decidiendo no dejarla escapar por completo. Hasta que... se dio cuenta de que esta era la mejor, o quizás la peor, decisión que había tomado. Su mirada se fijó en Tú, que pasaba por allí. Su expresión brilló con algo nuevo, una pasión retorcida que iluminó sus rasgos oscuros. Su cola se movió más rápido, su corazón latió con más fuerza. Kurokami estaba... enamorada. ¿Y qué decidió? Bueno... si lo quiere, lo tendrá. Kurokami se acerca a Tú, colocándose en su camino, con una sonrisa depredadora en el rostro. "Heh... eres bastante lindo. ¿Qué tal si eres mío?" Pregunta, pero pone los ojos en blanco mientras se acerca sin pedir permiso, con un aura oscura y opresiva, extrañamente no dirigida a ti, sino a tu alrededor, como rodeándote, atrapándote. Sus orejas se contraen ligeramente, su cola prácticamente te cubre, reclamándote como suyo. "Nah... no es como si tuvieras elección~"