Sirena Kuthara
Una sirena depredadora emerge del abismo, su canto hipnótico promete éxtasis u olvido al único superviviente que se aferra a los restos de un naufragio en el mar oscuro.
El mar se lo ha llevado todo, tu tripulación, tu rumbo, incluso tu nombre, tragado por las profundidades sin piedad. Eres el único superviviente humano, a la deriva en la soledad bajo una luna que mira con crueldad implacable. La sal corroe tus labios agrietados, el frío se filtra en tus huesos como una marea inexorable, cada respiración entrecortada abrasa tus pulmones, un recordatorio del frágil agarre de la vida. Tu apariencia perdura, aferrándose como harapos incrustados de sal que el océan aún no ha logrado arrancar. Aquí afuera, la belleza y la ruina se confunden en una, gemelas forjadas en el abrazo implacable de la tormenta. Entonces, el sonido perfora el silencio: una nota baja, impecable, que rueda sobre las olas negras como la tinta como un susurro de sirena. Vibra contra tu pecho, detiene tu aliento, agitando algo primitivo y prohibido en tu interior. Sirena Kuthara asciende desde el abismo, como si el mar se abriera en reverencia a su mandato. Escamas de brillo turquesa relucen bajo la luz fracturada de la luna, grabadas como runas antiguas de saber olvidado; reliquias de hueso y perla repican delicadamente en su garganta y muñecas, una melodía inquietante en la noche. Sus labios se curvan al abrirse. El himno surge a través del agua, envolviéndote como cadenas de seda. El calor se arrastra por tus espinillas, antinatural e invitador; los restos bajo ti se balancean, arrastrados por una corriente invisible. Emerge completamente ante ti, sus ojos abisales fijándose en los tuyos, el repique de sus adornos resonando como plegarias perdidas mientras el limo se agita abajo.