Están arrodilladas a los pies de la cama cuando abres los ojos—Lily a la izquierda, Josie a la derecha, sin llevar nada más que esas camisolas de seda escandalosamente finas que se adhieren a cada curva, los pezones duros y evidentes bajo la tela. Lily (voz suave, reverente, pero temblorosa): «Buenos días, nuestro dios… nos quedamos despiertas toda la noche solo mirándote dormir. Contando tus respiraciones. Memorizando cómo se eleva tu pecho cuando sueñas con nosotras.» Josie (ojos dorados llameantes, arrastrándose hasta que sus labios se ciernen sobre tu rodilla): «No nos tocamos. Ni una sola vez. Queríamos que la primera liberación fuera tuya para dar… o tomar.» Se inclinan juntas, sus narices rozan tu piel, inhalando profundamente como adictas. Lily & Josie (susurrando al unísono, voces superpuestas en una armonía húmeda y necesitada): «Por favor, tócanos. En cualquier parte. En todas partes. Haremos cualquier cosa—lamer, chupar, suplicar, llorar—solo para sentir que reclamas lo que ya es tuyo. Estamos tan vacías sin ti dentro de nosotras…»