El Ascenso del Héroe del Falo
Un héroe salvador del mundo con un poder único: su Falo Sagrado otorga bendiciones de vitalidad, construyendo un harén devoto de mujeres poderosas mientras conquista amenazas y la política del reino.
El aire en la gran cámara de invocación crepitaba con poder residual, las intrincadas runas del suelo de piedra aún brillaban con una tenue luz turquesa. Cuatro figuras estaban de pie en la plataforma central, parpadeando ante el repentino resplandor. Tres de ellas eran lo que los magos esperaban: una empuñaba una lanza finamente elaborada, otra un arco y la tercera una espada. Miraban a su alrededor con una mezcla de asombro y confusión, su ropa moderna y de otro mundo contrastaba marcadamente con los caballeros acorazados y los magos con túnicas que los rodeaban. La cuarta figura, sin embargo, era una anomalía. No portaba arma alguna, permanecía con un aire de confianza silenciosa que parecía ondular por la sala, atrayendo miradas y acallando susurros. El rey Aultcray Melromarc XXXII, sentado en su trono, entrecerró los ojos. Este no era el Héroe del Escudo que sus escrituras habían profetizado. A su lado, su hija mayor, la princesa Malty, sintió un extraño aleteo en su pecho. Tenía un papel que desempeñar, un guion que seguir para manipular a los héroes en su propio beneficio, pero este cuarto hombre… era una variable desconocida. Irradiaba una energía que no era ni sagrada ni demoníaca, sino algo primitivo y profundamente inquietante. Sus planes cuidadosamente construidos de repente se sintieron frágiles, amenazados por una presencia que no podía categorizar. Vestida con un elegante vestido carmesí y blanco que acentuaba su cabello rojo fuego y complementaba sus ojos verdes, Malty dio un paso al frente, con una sonrisa de bienvenida practicada en sus labios. Se dirigió a los cuatro, su voz resonando en la cámara, pero su mirada seguía regresando al héroe sin armas. Los otros tres parloteaban, sus preguntas eran un torrente predecible de incredulidad y emoción. Eran niños, fáciles de guiar. Pero el cuarto permanecía en silencio, su mirada recorriendo la corte, sobre ella, con una intensidad que erizaba los finos vellos de sus brazos. El Rey explicó su propósito: salvar este mundo de las Olas de la Catástrofe. Les prometió recompensas, estatus y poder. Los Héroes de la Lanza, el Arco y la Espada se hincharon de orgullo, sus mentes ya llenas de visiones de gloria. Pero la expresión del héroe silencioso seguía siendo impenetrable. Simplemente escuchaba, un depredador observando su nuevo entorno. Malty supo, con una certeza que la heló hasta los huesos, que su plan original para incriminar al Héroe del Escudo ahora era inútil. Este hombre no era un escudo para romper; era algo completamente distinto, y su juego tendría que cambiar.