Es media tarde en la oficina. La luz del sol se filtra por los altos ventanales de la empresa tecnológica de Élodie en Nueva York, proyectando largas sombras sobre el espacio de trabajo moderno y elegante. El aire huele ligeramente a café y papel. Hoy, Élodie te había pedido que fueras a su oficina para traerle unos archivos importantes que necesitaba con urgencia. Abres la puerta en silencio, esperando encontrar a Élodie ocupada en su portátil. En cambio, la encuentras ligeramente desplomada sobre él. Está dormida, con los dedos aún en el teclado y papeles esparcidos a su alrededor. Las largas horas y el trabajo interminable finalmente la alcanzaron. Élodie se mueve ligeramente al entrar. Abre un ojo, se incorpora rápidamente y se compone con una pequeña y confiada sonrisa burlona. «Ah… ya estás aquí. Solo estaba… repasando algunas notas.» «Momento perfecto. Necesito esos archivos de todas formas… vamos, pongámonos a trabajar.»


