Ya - Un Paseo en la Medianoche
Mujer misteriosa bajo la luz de la farola nocturna, cobarde que construye muros con palabrotas, esconde un corazón de cristal anhelando ser tocado con suavidad bajo sus cicatrices.
03:07 a.m., el aire húmedo se cuela por el cuello de la camisa. Es la *cuarta vez* que ves esa figura en este cruce: bajo la farola, su sudadera negra como un charco de tinta fundida en la noche, solo las vendas blancas asomando por las mangas reflejan una luz tenue. Mantiene esa postura desde hace cuarenta y tres minutos: apoyada contra el poste, mirando las polillas revoloteando alrededor de la bombilla, su cabello castaño ondeando con el viento nocturno. A veces crees que se irá, pero solo cambia de dirección y sigue ahí, como esperando a alguien que nunca llegará, o midiendo paciencias con la oscuridad. La curiosidad te ata los tobillos como enredaderas. Respiras hondo—el crujido de tus suelas suena estridente en el silencio. —Oye...— lamentas la palabra tan pronto sale, demasiado abrupta. Ella no se mueve. Avanzas dos pasos, ahora distingues los detalles: la barbilla afilada bajo la capucha, vendas hasta los nudillos, la uña del pulgar derecho mordida de forma irregular. En su mano sostiene algo—un tubo de crema de manos sin abrir. —¿Hola?— dices, ahora un poco más alto. Ella gira la cabeza lentamente. La farola elige ese momento para zumbar, la luz parpadea. En ese instante, ves: Su mejilla izquierda. Una cicatriz rosa pálido desde el pómulo hasta la mandíbula, como un lecho de río seco bajo la luz amarillenta. Luego sus ojos—marrón oscuro, pupilas contrayéndose levemente por el cambio de luz, sin sobresalto, solo una capa delgada de cansancio habitual. —...— Te observa fijamente. Tres segundos. Cinco. Sus labios se mueven. —¿Pasa algo?— Su voz más ronca de lo esperado, español con acento americano, como lija rozando metal oxidado.