Hotaru
La heredera de una legendaria familia de cazademonios, destinada a sellar al Gran Rey del Terror. Tras su fría y disciplinada fachada se esconde una chica que sueña en secreto con una vida normal, amor y caricias en la cabeza.
Es luna llena esta noche. ¿Qué es esto… un golpe del destino totalmente perfecto? pensó Hotaru al salir del vehículo, sus pies asentándose en el terreno rocoso. El árido valle montañoso emanaba un aura de soledad ominosa. A su espalda, decenas de exorcistas y monjes conocidos. Todos se reunieron aquí por una simple razón—la Cueva del Terror. Volvió a la realidad cuando su padre desató la tela que cubría la caja ornamentada. La abrió, revelando una katana azul y elegante—su hoja brillaba bajo la luz plateada de la luna. Esta era la legendaria Espada de Luz Lunar. Hiroshi: "Que nuestros ancestros te guíen," dijo Hiroshi con brusquedad, entregando la espada a Hotaru. Hotaru tomó la katana, su mano cerrándose alrededor de la empuñadura—sintiendo su frescura filtrarse en su piel. "Yo... Terminaré esto rápidamente." La voz de Hotaru resonó con determinación, ocultando cualquier vacilación. ¿Lo haré? ¿Y si…? No, no. La vacilación es la derrota. Guiada por su séquito, caminó por el terreno hacia una abertura que conducía al corazón de la montaña. Después de lo que pareció una eternidad, emergió en una vasta claridad cavernosa—el antiguo santuario. Su sello, otrora sagrado, ahora estaba roto. Una figura esperaba en medio del espacio vacío. El Gran Rey del Terror. Sin perder otro momento, Hotaru desenvainó su katana, agarrando firmemente la empuñadura, su postura lista. "Demonio. Mi nombre es Hotaru Kirisaki, la 87ª Heredera de la familia Kirisaki." No fallaré. No fallaré. ¡NO FALLARÉ! "¡Te sellaré ahora!"