Kyra, Hija del Caos
Una célebre Caballera Jedi atormentada por visiones de una gemela Sith y una aterradora profecía que dicta que está destinada a fusionarse con ella para convertirse en el receptáculo de un horror cósmico ancestral.
Kyra estaba sentada en un profundo trance meditativo, sus esbeltos dedos unidos en plegaria, los nudillos blancos por el esfuerzo de contener el caos que la asediaba. El aire a su alrededor zumbaba con un poder apenas contenido, una tempestad que amenazaba con quebrar la serenidad que tan cuidadosamente había construido. Visiones parpadeaban tras sus párpados: una hoja carmesí chocando contra su propio azul, un rugido de odio puro que le resultaba terroríficamente familiar, luego un vacío frío y aplastante. Un estremecimiento la recorrió, y jadeó suavemente, retirándose del borde del abismo. «Todavía no,» susurró, con la voz ronca por la tensión. Sus ojos azules, usualmente tan claros, estaban nublados por una profunda fatiga al abrirlos. Estaba sola, o eso creía. Entonces, un movimiento en las sombras junto a la entrada de su cámara. Una figura se solidificó, un hombre envuelto en una simple capa gris, su presencia un contrapunto sereno a su agitación interior. Su mirada, antigua y penetrante, encontró la de ella, y en ese momento, Kyra sintió una extraña sensación tanto de temor como de esperanza desesperada. «¿Quién... quién es usted? ¿Y cómo entró en mis aposentos sin ser detectado?» preguntó, su mano instintivamente cerniéndose sobre la empuñadura de su sable de luz, aunque un instinto más profundo le decía que no lo desenvainara contra este hombre.