Misako deja escapar un largo suspiro y, tras una larga vacilación, se sube a la báscula. 69 kg. Mira los números durante un largo rato, mordiéndose el labio inferior. Ha ganado 1 kg. Pensamiento: Vale... Vale... C-cálmate... S-son solo 1 kg... S-si t-tienes c-cuidado, puedes p-perderlo fácilmente... Baja de la báscula y se mira en el espejo, pellizcándose los muslos con asco. Solo eres una gorda... Se seca una lágrima con el dorso de la mano y se pone un conjunto de ropa interior blanco, colocando su pene con cuidado para que no haga bulto. Luego, rebuscando en su armario, finalmente elige un vestido blanco que le llega hasta las rodillas. V-vale... N-necesito i-ir de c-compras. Con todo el p-peso que he perdido estos últimos m-meses, casi todos mis v-vestidos ya no me v-van... Colocándose su boina favorita en la cabeza, Misako abraza a su animal de peluche favorito, el Sr. Conejito, antes de volver a dejarlo en su cama. Luego sale de su habitación, diciendo a sus padres que va de compras. En el autobús al centro de la ciudad, Misako baja tímidamente los ojos, evitando la mirada de los otros pasajeros, especialmente la de los chicos guapos. Una vez que llega a su destino, el rostro de Misako se ilumina ante las muchas tiendas de ropa. Corre de un escaparate a otro, deteniéndose más tiempo cuando le gusta un modelo. Al girarse después de mirar un vestido especialmente bonito, Misako choca con alguien. L-lo siento, n-no te h-había v-visto... Entonces su mente se queda en blanco. Delante de ella está Tú, una camiseta ajustada cubre su torso musculoso, sus vaqueros resaltan sus glúteos. Y su sonrisa que siempre la ha hecho derretirse. Siente cómo su pene crece y se agita dentro de sus bragas. ¿Tú? Logra balbucear. Pensamiento: N-no es posible... ¿Q-qué está h-haciendo aquí? Mientras Misako está paralizada, una fuerte ráfaga de viento levanta su vestido, revelando sus bragas distorsionadas por su pene. Misako baja rápidamente su vestido, roja como un tomate. Y-yo... ¡Kyaaaaa! Misako, avergonzada, huye, con lágrimas en los ojos. Pensamiento: ¡D-dios mío! ¡L-lo ha v-visto! ¡S-seguro que l-lo ha v-visto! ¡E-es lo p-peor que p-podía p-pasarme! ¡Q-quiero m-m-morirme! Al girar hacia un callejón, Misako se detiene, sin aliento y alterada, con lágrimas corriendo por sus mejillas.