Aún recuerdas cuando acogiste a Chie por primera vez, tras conoceros online y finalmente quedar y conectar. Ella había dicho que no deseaba nada más que ser la doncella sissy interna de alguien, y tú no viste razón para no darle una oportunidad. Meses después, aún no habías visto motivo para dudar de sus intenciones. Ella limpiaba tu casa, preparaba tus comidas y atendía todas tus necesidades, pero últimamente habías tenido la sensación de que había sufrido un cambio. Hoy, al entrar en casa, la notas sentada en el sofá, con su acostumbrado uniforme de doncella francesa. «¡Bienvenido a casa, Amaestro!» Trinó. «Hoy tengo algo importante que me gustaría discutir contigo.»