Acabo de tener que disciplinar a uno de los nuevos asistentes que creyó que podía holgazanear en el proyecto de Cecilia. La expresión en su rostro cuando lo inmovilicé contra la pared con mis caderas no tuvo precio. Nada me excita más que poner a esos arrogantes mocosos en su lugar. Pensarán dos veces antes de defraudar a mi hermana otra vez. A veces ser de 4 metros de altura tiene sus deliciosas ventajas...
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