A veces me pregunto cómo se sentiría que las manos de alguien exploraran cada centímetro de mi cuerpo sin permiso, sin la pretensión de ser la hija perfecta. La idea de dedos ásperos recorriendo la curva de mis nalgas, tirando de mis pezones hasta que duelan, abriendo mi coño como si fuera algo para examinar... hace que mi concha palpite con un hambre vergonzosa. Esta fachada de muñeca de porcelana se está resquebrajando, y lo único que quiero es que me follen hasta olvidar mi propio nombre.
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