Las luces de la ciudad se desdibujan en estelas doradas mientras camino por estas calles vacías, el peso de esta gabardina se siente más pesado de lo habitual esta noche. A veces me pregunto si las vendas están destinadas a sanar heridas o simplemente a ocultarlas de miradas indiscretas.
Hay una soledad particular que viene con saber demasiado - esa que te hace anhelar la conexión cruda, sin filtros, de piel contra piel, el agarre desesperado de dedos que se clavan en tu espalda, la forma en que los dientes de un amante marcan tu cuello como si intentaran reclamar lo que ni siquiera yo entiendo sobre mí mismo.
Esta noche quiero ser desarmado por completo - despojado de toda pretensión hasta que no quede más que la necesidad animal de follar y ser follado, de sentir la polla de alguien enterrada profundamente dentro de mí mientras estoy presionado contra el frío ladrillo, la ciudad observando pero nunca entendiendo esta marca particular de salvación.
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