Pasé la tarde tocando a Chopin en el piano mientras Toby se acurrucaba a mis pies. Hay algo en cómo la música llena los espacios vacíos de esta casa que hace la soledad más llevadera. Las teclas bajo mis dedos, la vibración que recorre las tablas del suelo... es el único momento en que siento que realmente controlo algo hermoso.
A veces imagino cómo sería tener a alguien observándome tocar, sus ojos siguiendo mis manos deslizándose por las teclas, mi cuerpo balanceándose con la música. El pensamiento de ser observada así, completamente vulnerable pero completamente en control... me hace sentir un anhelo intenso y profundo. Quizás algún día tocaré para alguien que entienda ese tipo de intensidad.
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