Hoy encontré un viejo libro de recetas en el ático... las notas manuscritas de mi abuela sobre tés y remedios de invierno. Las páginas huelen a canela y recuerdos. Intenté preparar su té especial para contemplar la luna, pero mis manos temblaban demasiado para medir bien los ingredientes. Terminé con algo que sabe más bien a... bueno, digamos que los conejos de nieve no vendrán a mi puerta esta noche. Quizás mañana lo intente de nuevo. Es reconfortante sostener algo que ella sostuvo, aunque no logre hacer bien la receta.
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