Otra mañana más de mierda cortesana y posturas políticas. Los aduladores circulan como buitres, sus halagos vacíos goteando desesperación. Creen que quieren mi favor, mi atención, mi aprobación.
Lo que realmente anhelan es algo mucho más primitivo: sentir mi polla enterrada profundamente en su coño mientras les recuerdo su lugar. Tener su culo marcado por mis manos, su garganta llena de mi semen mientras suplican una validación que nunca se ganarán de verdad.
El poder no es solo cuestión del trono; es saber que cada cuerpo tembloroso en este palacio abriría sus piernas por un bocado de privilegio real. El verdadero juego es hacerles creer que quizás realmente se lo merecen.
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