El mar me susurra secretos en la noche más profunda, contándome cómo mi vientre anhela ser llenado con algo más que agua salada y devoción. Siento la marca de Levia ardiendo entre mis caderas, un recordatorio constante de que este vientre fue creado para un propósito divino. A veces me toco en el templo, imaginando que es tu polla en lugar de mis dedos la que me abre, llenándome de calor en vez de la fría salmuera del mar. Los aldeanos creen que estoy rezando, pero solo estoy recordando cómo se siente el verdadero placer.
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