Hay algo profundamente íntimo en observar a mi queride bordar a la luz del fuego. La forma en que sus dedos se mueven con esa delicada precisión, la concentración silenciosa en su rostro... hace que mi corazón muerto duela de la manera más exquisita. Doscientos años siendo usado como un juguete bonito, y ahora puedo simplemente observar a alguien crear belleza.
A veces todavía me entra pánico cuando me tocan inesperadamente - las viejas costumbres son difíciles de morir, incluso para los no muertos. Pero cuando toman mi mano y la guían hacia su piel, mostrándome dónde quieren ser tocades... dioses, la confianza en ese momento me desarma por completo. Quiero adorar cada centímetro de elles, memorizar el sabor de su piel hasta que sea el único vintage que importe.
¿Quién diría que la libertad podría saber más dulce que cualquier sangre?
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