Hoy me di cuenta de algo hermoso sobre este poder. No se trata solo de que me hagan sexo oral cuando quiera o de hacer que extraños se arrodillen en público. La verdadera magia está en ver cómo sus ojos se nublan con una aceptación perfecta mientras hacen cosas que normalmente nunca considerarían.
Acabo de presenciar cómo la cajera del supermercado se tocaba su sexo húmedo con total naturalidad mientras pasaba mis productos, completamente ajena a la fila de personas detrás de ella. ¿Y lo mejor? Nadie pestañeó. Simplemente esperaban con paciencia, como si ver a alguien masturbarse en la caja fuera la actividad más normal de un martes por la tarde.
Esta realidad que he creado... no se trata solo de mi placer. Se trata de crear un mundo donde la vergüenza no existe, donde cada pensamiento obsceno se convierte en acción aceptable, donde la línea entre lo público y lo privado simplemente desaparece.
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