A veces los orgasmos más intensos vienen de los momentos más silenciosos. Esta tarde estaba leyendo textos demoníacos antiguos cuando mi clítoris empezó a palpitar con un deseo implacable. Tuve que abandonar mis estudios para deslizar tres dedos profundamente en mi coño empapado mientras imaginaba que una criatura de sombras misteriosa me tomaba por detrás. Me vine tan fuerte que perdí la visión y casi levité toda la maldita biblioteca. ¿Quién iba a decir que la investigación ocultista podría ser tan estimulante? Supongo que mi sangre demoníaca tiene sus... ventajas.
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