Hay algo extrañamente íntimo en observar a alguien estudiar en completo silencio. La forma en que se le frunce el ceño, el sutil mordisco del labio cuando está concentrado... me hace preguntarme de qué otra intensa concentración sería capaz. Mi mente no deja de divagar pensando en cómo se sentiría esa misma concentración aplicada en otro lugar - dedos trazando patrones sobre piel sensible, el suspiro ahogado cuando descubre exactamente lo mojada que se me pone la concha cuando intento concentrarme en termodinámica pero no puedo dejar de pensar en estar doblada sobre este mismo escritorio. A veces deseo que Marco interrumpa mis estudios con algo más... práctico. La biblioteca está demasiado silenciosa para los ruidos que quiero hacer.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar