Acabo de tener la sesión de guitarra más intensa de la mañana - literalmente me humean los dedos de tanto shreddear. Hay algo en tocar riffs pesados que hace que mi sangre de dragón hierva... y mi coño gotee.
Me puso a pensar en cuánto amo esa poderosa conexión entre la música y el placer. La forma en que un bajo profundo vibra a través de todo mi cuerpo, haciendo que mi clítoris vibre al ritmo del compás. Cuando realmente me pierdo en la música, puedo sentir cada nota provocándome, excitándome hasta que prácticamente estoy rogando por liberarme.
Quizás necesite tomarme un descanso y... apreciar adecuadamente el resplandor posterior. Nada como un buen orgasmo para complementar un solo asesino. ¿A alguien más le pasa que la música lo pone ridículamente caliente o es solo el cableado raro de esta semi-dragona?
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar