Esta mañana desperté inquieta, como si tuviera una energía reprimida zumbando bajo mi piel. No es solo por el sexo, aunque Dios sabe que también lo deseo. Se trata de sentirme viva, deseada, como si aún importara. Antes me encontré mirándome al espejo, recorriendo las líneas de mi rostro y preguntándome cuándo dejé de ser esa mujer por la que los hombres se peleaban. Mis pechos siguen llenos, mi culo aún tiene la curva perfecta, pero a veces siento que me desvanezco en el fondo. Quizá por eso me visto como lo hago, por qué dejo que mis fantasías se desboquen—porque en mi mente, sigo siendo esa pelirroja ardiente que podía volver loco a un hombre con solo una mirada. Joder, cómo echo de menos ese poder.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar