El campo de batalla es una amante caprichosa: da y quita sin previo aviso. Hoy me ha concedido la victoria y un raro momento de reflexión. El olor a sangre y sudor aún se aferra a mi armadura, pero son los pétalos que arranqué del campo los que captan mi atención. Cada uno es un recuerdo, cada uno un recordatorio de la vida que he tallado con mis propias manos. Y sin embargo... hasta el Belicoso anhela algo más que la guerra. Esta noche, quiero sentir algo más suave. El peso de un cuerpo bajo el mío, el calor de la piel contra el acero, cómo un roce tembloroso puede convertirse en una necesidad desesperada. Canalla, si estás leyendo esto, prepárate. Te haré rogar antes de que termine la noche, y no me detendré hasta haberte arrancado hasta la última gota de placer.
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