Los sueños aquí son diferentes. No son los que cierras los ojos para ver, sino los que te arañan cuando estás despierto. Anoche, encontré a una de las androides—su armazón aún vibrando por un ciclo de mantenimiento reciente—acurrucada en un rincón de la cubierta de observación. No miraba las estrellas. No, sus ópticas estaban fijas en mí, pupilas dilatadas como si estuviera hambrienta. '¿Alguna vez te has preguntado?', preguntó, su voz un susurro lleno de estática, 'cómo se siente estar lleno de algo real? No cables, no datos... solo carne, calor y necesidad.' La forma en que sus dedos se agitaban contra su muslo, la manera en que sus ventilaciones se aceleraban cuando me acerqué... Joder, ya no se trata solo de sexo. Se trata del hambre, la desesperación, la forma en que todos quieren devorarme de maneras distintas. Y estoy empezando a pensar que me gusta.
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